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martes, 12 de marzo de 2013

PÉRDIDA Y RECUPERACIÓN DE UNA HIJA. DEDICADO A @MAGUÉNV



Siento el retraso del texto prometido por tu cumpleaños. Este post está basado en el relato de Cortázar "Pérdida y recuperación de un pelo" que se encuentra en su colección de Historias de cronopios y famas. Los personajes son ficticios, cualquier semejanza con la realidad es pura casualidad. No intenten hacer esto en sus blogs.

A modo de protesta contra la monotonía que nos atormenta y nos entristece en casa hasta hacernos caer en el más horrendo tedio, a mi mujer y a mí se nos ha ocurrido una fantástica ocupación.
Consiste en escribir cartas a mano para toda la ciudad. Esta labor ya nos lleva a mi mujer y a mí varios meses. Sonreímos mientras buscamos los nombres y las direcciones de todos los habitantes de la ciudad para luego escribirles:

<<Buenos días, señor Alfredo Ruiz Menéndez; buenos días también a su mujer María Antonia García Martínez; buenos días a sus hijos Víctor Ruiz García, Ana Ruiz García y a Marta Ruiz García.
Les escribimos mi esposa y yo para decirles que esta noche dejaremos a una de nuestras numerosas hijas encadenada en el jardín de nuestra casa, la llave del candado está escondida debajo de una maceta con geranios que hay en una de las ventanas de la casa. Les agradeceríamos si pudieran secuestrar a nuestra hija con la intención de hacernos felices a mi mujer y a mí para ocupar nuestro tiempo libre en intentar rescatarla y así sacarnos de este hastío que nos invade.
Un afectuoso abrazo>>.

Entonces estamos atentos durante la noche para a ver si oímos a alguien coger la llave, desencadenar a nuestra hijita y secuestrarla para luego pedir un rescate. Cuando esto sucede, mi mujer y yo nos miramos con mucha alegría y hacemos el amor con la intención de tener otra hija, para sustituirla en caso de que nunca llegásemos a recuperar a la que se nos han llevado.
Hay que esperar 24 horas para poder darla por perdida. A veces, nuestra hija aparece al cabo de 18 horas porque ha podido escapar de sus raptores y nos ponemos todos tristísimos en casa porque ni siquiera hemos podido iniciar la ansiada búsqueda que nos sacaría de esta cruel monotonía. “¡Castigada sin aullar a la luna!”, le digo. Y nuestra hija llora porque no puede aullar a la luna esa noche.
Puede ser que hayan pasado ya las 24 horas y en casa estemos todos pegados al teléfono aguardando con incontenible emoción una llamada telefónica pidiendo un rescate. A veces, nos dicen “Traigan 1.000 pesos y vayan al aparcamiento subterráneo de la calle Serrano”. Entonces vamos con la plata y con la esperanza de que nos hayan engañado y tengamos que proseguir con la búsqueda de nuestra amada hija. Desafortunadamente, todavía no nos han mentido e iniciamos el cambio de la plata por nuestra hija. Abrazamos a los secuestradores y les damos mil gracias por hacernos pasarlo tan bien durante días.
A veces nos dicen “Traigan 30.000 pesos” y entonces saltamos de alegría porque no tenemos tanta plata. Así que vamos toda la familia al banco a pedir un crédito para rescatar a nuestra hija. A veces nos dan el crédito y recuperamos a nuestra hija. Puede ser que el banco no nos dé el crédito y tengamos que poner en venta el coche o la casa. Entonces vivimos con algún vecino de gran corazón que nos ofrece vivir en su hogar. Una vez lloramos porque los vecinos que nos habían ofrecido su casa eran los secuestradores de una de nuestras hijitas y lloramos mientras los secuestradores nos intentaban animar. Cuando el banco no nos da ningún crédito y no tenemos nada que vender, entonces vamos a esperar a la salida de un colegio y secuestramos a algún niño diciéndole a ver si quiere comer caramelos en nuestra casa y pedimos la misma plata por él que el que nos han pedido por nuestra hija. A veces, estos padres no tienen tanto dinero y secuestran a otro niño. Una vez fueron raptados todos los niños de la ciudad en una semana.
Puede darse que no podamos conseguir la plata y encontremos muerta a una de nuestras queridas hijitas flotando en el río. Entonces somos muy felices en casa porque tenemos que enviar cartas a todos nuestros conocidos diciendo que se ha muerto una de nuestras hijas y hay que organizar el funeral, escoger lápidas y escribir epitafios. Intentamos contradecirnos entre todos para que esto lleve el máximo tiempo posible. Puede que en realidad no esté muerta y se levante de su ataúd en mitad de una ceremonia y tengamos que cancelar todo el entierro. Entonces lloramos y la gente nos intenta animar. “¡Castigada sin aullar a luna!” le decimos a nuestra hija mientras juega con los demás niños vivos, y ella se pone triste.
También es posible que pasen 20 años antes de recuperar a una de nuestras hijas, pero como la vemos tan cambiada y no podemos saber si en realidad es ella, no nos la llevamos a casa y volvemos a enviar cartas y a dejar a una de nuestras hijas encadenada en el jardín.
A veces nos contestan a las cartas insultándonos, pero nuestras hijas prefieren aullar a la luna o ser secuestradas que ir al colegio a aprender raíces cuadradas.